El Hospital Quirónsalud Bizkaia pone en marcha una Unidad de Arritmias para mejorar el diagnóstico y tratamiento de los trastornos del ritmo cardiaco

La incorporación de técnicas avanzadas como la electroporación permite abordar estas patologías con mayor precisión, seguridad y menor tiempo de recuperación

El Hospital Quirónsalud Bizkaia ha puesto en marcha una Unidad de Arritmias especializada con el objetivo de mejorar el diagnóstico y tratamiento de los trastornos del ritmo cardiaco mediante un abordaje integral y técnicas avanzadas en el propio entorno del paciente. La creación de esta unidad responde al aumento de este tipo de patologías en la práctica clínica diaria, especialmente en una población cada vez más envejecida y con mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular. Dentro de las arritmias, la fibrilación auricular es la más frecuente. Según la Sociedad Española de Cardiología, afecta aproximadamente al 4,4% de la población mayor de 40 años en España y su presencia aumenta de forma significativa con la edad.

En este contexto, el doctor José Ramón Rumoroso, jefe de servicio de Cardiología del Hospital Quirónsalud Bizkaia, explica de forma sencilla qué es una arritmia: «cuando hablamos de arritmias, hablamos de una alteración del ritmo cardiaco provocada por un problema en el sistema eléctrico del corazón, que es el encargado de coordinar cada latido. Cuando este sistema falla, el corazón puede latir demasiado rápido, demasiado lento o de forma irregular».

Síntomas que pueden pasar desapercibidos
Las arritmias no siempre se manifiestan de forma clara. En algunos casos producen síntomas evidentes, pero en otros pueden pasar desapercibidas o detectarse de forma casual, por ejemplo, al tomarse el pulso o la tensión arterial y notar un ritmo irregular. Por su parte, el doctor Juan Benezet, Responsable de la Unidad de Arritmias del centro, explica que, cuando aparecen síntomas, las arritmias asociadas a frecuencias cardiacas elevadas pueden provocar «palpitaciones, mareos o desmayos que afectan de forma significativa a la calidad de vida». Sin embargo, advierte de que no siempre dan señales claras: «hay arritmias que pueden no producir síntomas y, aun así, estar asociadas a complicaciones cardiovasculares importantes«.

Esta situación es especialmente relevante en el caso de la fibrilación auricular, la arritmia más frecuente, que puede pasar inadvertida durante tiempo. Según la Sociedad Española de Cardiología, esta patología puede multiplicar por cinco el riesgo de ictus si no se diagnostica y trata adecuadamente.

Diagnóstico preciso y abordaje especializado
El diagnóstico de las arritmias comienza habitualmente con pruebas sencillas, como el electrocardiograma o la monitorización del ritmo cardiaco durante varias horas o días, que permiten detectar alteraciones en el latido.

Tal y como explica el doctor José Ramón Rumoroso, «en muchos casos, con estas pruebas básicas ya obtenemos información suficiente para orientar el diagnóstico y decidir los siguientes pasos. A partir de ahí, cuando es necesario, podemos recurrir a estudios más específicos como el estudio electrofisiológico, que nos permite analizar con detalle el sistema eléctrico del corazón e identificar el origen de la arritmia». El doctor Juan Benezet señala que este tipo de estudios permite «identificar con precisión el origen de taquicardias, palpitaciones o síncopes y, en muchas ocasiones, forma parte también del propio tratamiento».

En estos casos, se puede realizar una ablación, un procedimiento mínimamente invasivo que consiste en actuar sobre la zona del corazón responsable de la arritmia para eliminarla. Este tratamiento puede llevarse a cabo mediante diferentes tecnologías, como la radiofrecuencia (calor), la crioablación (frío) o, más recientemente, la electroporación, que persiguen el mismo objetivo: bloquear las señales eléctricas anómalas que provocan el ritmo irregular.

Electroporación y técnicas avanzadas: una nueva etapa en el tratamiento
La Unidad de Arritmias incorpora la electroporación, una de las técnicas más recientes en el tratamiento de determinadas arritmias, especialmente la fibrilación auricular. Tal y como explica el doctor Juan Benezet, «se trata de una tecnología que utiliza impulsos eléctricos de alta intensidad y muy corta duración para actuar de forma selectiva sobre el tejido cardiaco responsable de la arritmia«. A diferencia de las técnicas tradicionales, que emplean calor o frío, la electroporación utiliza pulsos eléctricos que actúan directamente sobre las células cardiacas, lo que permite un tratamiento más preciso y con menor afectación de estructuras cercanas.

El doctor José Ramón Rumoroso destaca que «la incorporación de estas tecnologías nos permite adaptar el tratamiento a cada paciente y mejorar tanto la seguridad como la eficacia de los procedimientos«. Además de la electroporación, la unidad realiza otros procedimientos intervencionistas como ablaciones mediante radiofrecuencia o crioablación, así como el implante de dispositivos como marcapasos o desfibriladores automáticos implantables. «Todo ello se traduce en tratamientos menos invasivos, con menor riesgo de complicaciones y una recuperación más rápida, lo que permite al paciente retomar antes su actividad habitual», concluye Rumoroso.

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