En un mundo que avanza cada vez más rápido, detenerse se convierte en un lujo. Y es precisamente en esa pausa, en las miradas cómplices, en las rutinas compartidas, en los gestos cotidianos, donde se construye el vínculo más duradero: el de una madre y sus hijos. Bajo esta premisa, Versace presenta Greca Edge, un reloj que trasciende su función para convertirse en símbolo
De líneas arquitectónicas y carácter decidido, el Greca Edge encarna una elegancia contemporánea que dialoga con la herencia clásica de la casa italiana. Su caja cuadrada de 30 mm, definida por el icónico motivo Greca y delicados detalles estructurales, evoca la precisión y la armonía de la arquitectura antigua reinterpretada desde una mirada moderna. Una pieza que no solo mide el tiempo, sino que lo honra.
La esfera con acabado sunray capta la luz con sutileza, aportando profundidad y dinamismo, mientras su diseño depurado refuerza una estética atemporal. En su interior, el movimiento de cuarzo suizo de dos agujas garantiza precisión y fiabilidad, convirtiéndolo en el aliado perfecto para acompañar el ritmo cotidiano sin renunciar al estilo.
Fabricado en acero reciclado, el Greca Edge incorpora una sensibilidad contemporánea hacia la sostenibilidad, integrando lujo y responsabilidad en una misma pieza. Su brazalete, con cierre mariposa, se adapta con naturalidad a la muñeca, aportando comodidad y sofisticación en equilibrio.
Sumergible hasta 5 ATM, este reloj está pensado para acompañar todos los momentos —desde los más cotidianos hasta los más especiales—, porque el verdadero valor reside en lo vivido.
Más allá de su estética impecable, el Greca Edge es un recordatorio tangible de aquello que no se puede comprar: el tiempo compartido. Un regalo que no solo celebra el presente, sino que se proyecta hacia el futuro, convirtiéndose en un objeto cargado de significado, capaz de trascender generaciones.
Este Día de la Madre, Versace invita a regalar algo más que un objeto: invita a regalar tiempo.


