El Neutrino Energy Group plantea una cuestión distinta ante el rápido crecimiento energético de la inteligencia artificial: no solo cuánta electricidad será necesaria, sino qué distancia tendrá que recorrer antes de llegar a los centros de datos que la consumen
En El Marqués, un municipio del estado mexicano de Querétaro con apenas 1.500 habitantes, se han construido alrededor de 18 centros de datos de empresas como Microsoft, Amazon y Google. Su consumo se sitúa entre 200 y 250 megavatios. Otros diez están en construcción. Cuando entren en operación, se proyecta que la demanda de ese único municipio supere 1 gigavatio hacia 2028. Las autoridades locales ya programan cortes de energía simplemente para evitar que el sistema eléctrico colapse.
Un pueblo de mil quinientas personas apagando la luz para sostener su propio crecimiento.
Brasil ofrece la misma historia desde el ángulo opuesto. El país tiene electricidad de sobra, en buena medida de origen hidroeléctrico, de modo que su problema no es la capacidad de generación. Es una red de transmisión envejecida que no logra llevar esa energía hasta donde los centros de datos realmente la necesitan. Brasil concentra más del 40 por ciento de la inversión en centros de datos de América Latina, impulsada por operadores locales que trabajan junto a firmas tecnológicas globales.
Dos países, dos situaciones distintas, un mismo obstáculo. Uno tiene demanda concentrada sin infraestructura suficiente. El otro tiene generación abundante sin infraestructura suficiente. Lo que falta en ambos casos no es electricidad.
La pregunta energética del siglo XXI ya no es solo cuánta electricidad es posible generar. Es cuánta infraestructura se debe construir para llevar esa electricidad hasta donde se necesita.
¿Qué pasaría si parte de esa electricidad ya no tuviera que viajar?
La generación centralizada, cualquiera que sea su fuente, depende siempre de la misma categoría de infraestructura para llegar al consumidor: líneas de transmisión, subestaciones, permisos y años de obra. Una represa, una central de gas y un parque solar difieren en muchas cosas, pero comparten esa dependencia. Y ahí es exactamente donde los casos mexicano y brasileño se topan con el mismo muro, aunque hayan llegado a él por caminos opuestos.
Como resume el problema una frase que circula entre los operadores del sector: «No se puede resolver un pico de demanda de IA en 2026 con una línea de transmisión que no entrará en servicio hasta 2032.»
Los plazos no coinciden, y esa desincronización es estructural. La demanda digital se mueve al ritmo de un ciclo de producto. La infraestructura eléctrica se mueve al ritmo de una obra pública. Ningún ajuste de mercado corrige esa diferencia.
Queda entonces una pregunta que la elección entre fuentes de generación no puede responder: ¿qué cambiaría si una porción creciente de la electricidad se generara exactamente donde se consume, sin necesidad de atravesar esa infraestructura?
Es una pregunta que ya no pertenece a la transición energética clásica, centrada en con qué se genera la electricidad, sino a lo que podría llamarse una transición de la arquitectura energética: la relación espacial y estructural entre generación, transporte y consumo.
Sobre esa pregunta trabaja desde hace años el Neutrino® Energy Group. Su enfoque tecnológico, la tecnología neutrinovoltaica, está diseñado para convertir el flujo ambiental permanente, campos electromagnéticos, fluctuaciones térmicas e interacciones de partículas, en corriente eléctrica continua mediante nanoestructuras basadas en grafeno, sin depender de la luz solar, del viento ni de una conexión con una central distante. Su producto actual, el Neutrino Power Cube, está especificado en una salida neta continua de 5 a 6 kilovatios.
Conviene precisar el estado de desarrollo. Los mecanismos físicos individuales sobre los que se apoya este enfoque cuentan con confirmación independiente en literatura científica revisada por pares, y el marco matemático ha sido evaluado en cuanto a su consistencia interna. Lo que aún está pendiente es la reproducción independiente del rendimiento del sistema integrado a escala comercial, un requisito que la propia organización sostiene públicamente como condición necesaria.
El planteamiento, en todo caso, no es de sustitución. No se trata de reemplazar la red eléctrica. Se trata de preguntar cuánta red realmente será necesaria en el futuro.
La red seguirá siendo indispensable como capa de conexión, respaldo y equilibrio. Lo que está en discusión es si tiene que seguir siendo el requisito previo de cada kilovatio hora consumido, o si una parte de esa carga puede resolverse en el punto mismo donde surge la demanda.
Para quienes deseen profundizar en el marco técnico y científico de esta tecnología y en el concepto más amplio de una transición de la arquitectura energética, el Neutrino® Energy Group y el Neutrino Engineering District han desarrollado documentación científica, tecnológica y estratégica adicional, incluida la Master Edition, disponible en el sitio oficial de la organización: neutrino-energy.com
Según Holger Thorsten Schubart, matemático y CEO del Neutrino® Energy Group, el próximo capítulo de la transición energética mundial no girará únicamente en torno a la forma en que producimos electricidad, sino también en torno a una cuestión decisiva: qué distancia debe recorrer antes de ser consumida.


